Los días en el desierto…

No quiero que pase desapercibido
mi rastro en esta tierra yerma y desamparada…

Cuando los círculos vuelvan
a depositarme sobre el camino
veré las mismas piedras,
las mismas espinas.

Y si algún rapaz se digna a visitarme,
allí me gustaría velar esta carcasa vacía,
esta indómita vida.

No quiero que en vano hoy
despliegue mis suspiros al viento,
como una telaraña en busca del sagrado rocío.

Cuando el paso del tiempo derrumbe
los secretos de mis catedrales,
como una alimaña oscura y profana,
y en lo profundo del espacio
los fundamentos de esta tonta alquimia
empiecen a desvanecerse sin florecer, sin trascender.

No quiero llevar el estandarte del león rampante
en este sitio de horizontes infinitos,
donde las fronteras de los mundos se desdibujan.

Cuando las cenizas de antiguas vidas
se arremolinen en las esquinas de la memoria,
como polvo de estrellas arcanas,
y en el ultimo momento
la melodía del cosmos
deje de escuchar…

Complicada danza de palabras
inextricablemente distantes.

(Cuando me incorporo puedo ver,
los restos de las pequeñas cosas
que hace un tiempo guardábamos con afán.)

A veces siento cómo el ruido de fondo
amortigua los latidos…
Cómo la lluvia de neutrinos
atraviesa corazones y bocas sin sentido.

Un lugar tan vacío como el universo
queda hoy
entre la magia y las sombras,
entre los sueños y aquella mueca de resignación.

Deja
caer
las
gotas
de veneno.

Beberé hasta saciarnos.
Arruinare las venas de este mundo
en pos de una buena justificación,
en pos de una buena razón para destrozarte.

Y cuando entre mis costillas esté
la espada de tu silencio,
y te vayas corriendo entre los árboles,
me quedaré a ver el ocaso de los astros
solo …

para recordar el metálico amargor
de las inesperadas despedidas.

De algún forma sonreí
a las fauces del abismo.
La bienvenida a los antiguos aposentos,
al imperio de mis recuerdos.

Espero ganar tu odio.
Espero salir tan repentinamente como entré.
Tan sutil como el aguijón
de los escorpiones..

(No hay nada mas triste
Que ver con desesperación
Como vuelan las cenizas
de fuegos extintos)

A mí vengan mis palabras.
A mí vengan mis actos.
A mí vengan los remordimientos.
A mí vengan los gritos del viento.


…y en alas de cuervo
arremete contra aquel sagrado cielo
desgarra las nubes
arrebata las estrellas,
devoralo todo en un gran bostezo!
Exuda una gran mancha
y con ella distorsiona constelaciones!
Acude a mis horizontes
y desde lo mas sincero
vomita la pez
que arruine mil bosques.
Destruyelo todo a tu paso
con frenesí apocalíptico!
Y cuando termines,
cuando todo haya pasado
déjame en paz…
Déjame en paz conciencia mía.

Sobre el yermo plantaré
una nueva sombra…
y mientras los brotes crezcan
contaré estrellas
solo…

Para recordar el extraño sabor
de los días en el desierto.

 

Manuel F. Sosa

21/06/09 y 8/12/09